El deseo, la intensidad y los sueños se despiden con un beso en la entrada del metro, con la prisa del engaño, con un adiós saboreando un hasta luego.
Esperando que la vida nos siga sorprendiendo, que nos siga juntando y que nuestros demonios convivan en cualquier parte a pesar de nosotros, de nuestros miedos, de nuestras vidas y de nuestras decisiones.
Pasarán 6 meses, un año, el tiempo necesario... pasarán más enojos y frustraciones, pero nuestras historias seguirán juntándose a pesar de ti, de mi, de lo tuyo y de lo mío. Para vivir el momento, para sentir el calor, para entender que hay momentos tan únicos que sólo se viven estando presentes.
El deseo se disfraza de locura y el karma te lo arrebata, te hace sentir culpable de vivir lo que no quisiste, de entregarte. De probar la libertad que tanto anhelas y que un día olvidaste en la puerta de tus miedos. El deseo se ahoga lentamente.